Semáforos con Botones: Placebos Mecánicos

Diseño de Interfaces, Experiencia de Usuario

¿Alguna vez te has sentido como Locke en Lost, presionando el botón de los semáforos sin saber si eso realmente sirve para algo? ¿Cambiará más rápido la luz del semáforo?

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Locke, el personaje de Lost, ingresa el código numérico cada 108 minutos sin saber qué pasará cuando no lo haga… (foto de ABC)

Pues sucede que en muchos casos el botón no hace nada realmente. Funcionan como placebos mecánicos. El efecto que producen los botones de los semáforos es reducir la ansiedad de la espera y entregar, de paso, la ilusión de control.

El 2004 The New York Times publicó un artículo en el que contaba cómo los botones de los semáforos, que alguna vez fueron realmente funcionales, fueron desactivados con la implementación de sistemas de control de tráfico computarizados. El artículo explica los detalles y la historia de estos botones junto con las impresiones de los peatones que se enfrentan a ellos. Sobre el mismo tema, el Honolulu Advertiser también publicó un artículo poco tiempo después.

No deja de ser curioso que algo que ocurrió casualmente (el que los botones dejaran de funcionar y permanecieran instalados) continúa hasta hoy haciendo creer a muchos que existe un efecto real. La lógica de esto es que si el botón está ahí, existe alguna posibilidad de que funcione, y como es poco probable que el presionarlo cause algún problema, lo presionamos por si acaso. Aunque esto no tenga ningún efecto real, se reduce la percepción del tiempo de espera. Incluso si el tiempo es el mismo.

Todo esto se basa, naturalmente, en que algunos botones en semáforos sí funcionan, o en que alguna vez funcionaron. Esto le da credibilidad a todo el sistema y permite que nos engañemos pensando que todos funcionan. O al menos a que lo consideremos una posibilidad.

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El tiempo de espera para que cambie la luz del semáforo puede causar impaciencia en los peatones. El botón que existe en algunos semáforos no siempre funciona (casualmente o por diseño), pero crea una percepción de disminución de la espera y de aparente control (foto en stock.xchng, por pixman).

¿Podría utilizarse el efecto placebo en el diseño de interacción? Se me ocurre un ejemplo en que se utiliza un efecto similar: las animaciones que utilizamos para representar la carga de un elemento. Me refiero a las animaciones en Flash o en Ajax, en que no se indica el porcentaje de avance, sino solamente que está ocurriendo algo. No se está informando cuánto tiempo falta, solamente que debe esperar. Sin embargo ayuda a disminuir lapercepción de espera, en la medida en que el tiempo que transcurra sea breve. Evidentemente si la espera es demasiado larga, ninguna animación será efectiva y el usuario terminará frustrado. El efecto es parecido, aunque en realidad no ocurre una interacción real con el usuario.

Pero no saltemos rápidamente a conclusiones. No podemos pensar que intencionalmente podríamos utilizar este tipo de efecto placebo en un sistema interactivo sin consecuencias. En el caso de los semáforos, los usuarios tienen una duda razonable sobre la utilidad del botón, pero lo utilizan porque no hay un daño o perjuicio al presionarlo. Esta duda, no obstante, es un lujo que no podemos permitirnos fácilmente. Uno de los atributos más difíciles de lograr y muy frágil como para jugar con él es la confianza. Si juego con la credibilidad de los usuarios, las consecuencias pueden ser demasiado caras.

En el blog History of the Button hay una nota interesante sobre los botones de los semáforos, y si no lo has visto antes, es un sitio obligatorio para todos los interesados en el diseño de interfaces.

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